La calificación energética se ha convertido en un requisito imprescindible de toda vivienda o local en venta o alquiler. Es una “etiqueta” que refleja el comportamiento energético del inmueble.

Se trata de una valoración de la eficiencia energética; es decir, cuánta energía demandan los aparatos eléctricos que se encuentran en el inmueble.

Un buen resultado al respecto implica, por lo tanto, un importante ahorro de costes, especialmente en los recibos de los servicios básicos.

La calificación A es la más alta y va descendiendo hasta la G, la calificación para la peor eficiencia energética. Las letras responden a indicadores de kilos de emisión de CO2 por cada metro cuadrado de edificio, relacionados con las demandas o necesidades energéticas, y los rendimientos de los equipos e instalaciones.

Algunas nuevas promociones ya tienen en cuenta este aspecto. Podemos encontrar viviendas con calificación A (la máxima), pero en otros casos aún no ocurre así. Por otro, en las más construcciones antiguas, no se tenían en cuenta estos aspectos y es habitual encontrar calificaciones de F o G (las mínimas).

Conscientes de ello, hay propietarios que están dispuestos a realizar inversiones para mejorar la calificación. Este hecho ha facilitado el crecimiento de algunos negocios, que han visto como su facturación incrementaba. Algunas de las medidas de eficiencia energética más habituales llevadas a cabo son las siguientes:

  • Colocación y aislamiento de ventanas: se recomienda cambiar las ventanas por otras de PVC o aluminio de un mayor grosor.
  • Inyección de materiales en las paredes: en algunos casos, en las fachadas, existe un espacio entre la pared interior y exterior. Ello provoca que la vivienda esté mal aislada y que la temperatura de fuera (sea frío o calor) impacte dentro. Para evitarlo, es posible inyectar celulosa en estos espacios.
  • Instalación de placas solares: forma sostenible de producir energía limpia. Aunque implica una inversión inicial, se amortiza con el paso del tiempo gracias al autoconsumo.

Desde WE Servicios Energéticos resumimos los cinco pasos para conseguir la certificación energética, según el Gabinete Técnico del Colegio de Aparejadores de Madrid

1.- Identificar a un técnico competente.

Las Comunidades Autónomas están obligadas a elaborar un registro de profesionales habilitados para hacer estas certificaciones y cada Comunidad tendrá que definir un órgano competente. Imprescindible consultar este registro para asegurarse de que la certificación se realiza por un técnico acreditado.

Los arquitectos técnicos o aparejadores son una de las profesiones habilitadas para efectuar estos certificados, así como los arquitectos y los ingenieros industriales.

2.- Solicitar presupuestos.

Pedir varios presupuestos es fundamental para hacerse una idea del coste y valorar varias opciones. El precio del certificado es libre, lo que ha dado pie a ofertas de dudosa fiabilidad.

Muchos instaladores recomiendan a la hora de elaborar sus presupuestos llevar a cabo otras acciones para mejorar la eficiencia, lo que lleva a algunos a ofrecer el certificado gratis a cambio de ejecutar después las obras de reforma que ellos mismos han recomendado.

Cada gobierno regional aplicará un sistema de control de los certificados, y si se identifican incoherencias, se comunicarán al propietario, que tendrá un plazo de subsanación o presentación de alegaciones antes de proceder, en su caso, a modificar la calificación.

WE Servicios Energéticos recomienda desconfiar de certificaciones que no sean exhaustivas y puedan estar condicionadas por la oferta de obras posteriores.

Aconseja que se pidan varios presupuestos. Deben visitar la vivienda o al menos conocer sus características básicas. Como es obvio, el trabajo que conlleva analizar el rendimiento energético de una vivienda de 80 metros cuadrados no es el mismo que el de un unifamiliar de 200 metros.

3.- Presentación del certificado en la Comunidad Autónoma.

Una vez el técnico que ha contratado evalúa la vivienda y elabora el certificado, hay que comunicarlo al organismo competente en cada Comunidad Autónoma. El certificado no tiene validez hasta que no es revisado por la Administración, que comprueba que la evaluación se ha ejecutado de forma correcta y que la calificación de la vivienda es la adecuada. De ahí la importancia de haber efectuado una calificación exhaustiva.

Esta comunicación implica a su vez unas tasas, definidas por cada Comunidad. La comunicación puede hacerla un tercero o el propio técnico si lo incluye dentro del paquete de servicios.

4.- Obtener el número de registro.

En el plazo de unos dos días hábiles (dependerá de cada Comunidad Autónoma), obtendrá la etiqueta energética con el número de registro asignado, lo que significa que la vivienda ya está certificada y registrada con la supervisión administrativa correspondiente.

Desde que la normativa entró en vigor, las Comunidades Autónomas están obligadas a crear un registro público con los inmuebles acreditados y su correspondiente calificación energética, a los que se les asigna un número de registro.

El certificado de eficiencia energética tendrá una validez máxima de diez años, siendo el propietario el responsable de su renovación. No obstante, el propietario puede actualizarlo voluntariamente si hace una reforma o considera que existen variaciones en aspectos del edificio que puedan modificar su calificación energética.

5.- Incluir el certificado en los anuncios de venta o alquiler.

El Real Decreto establece que la etiqueta energética debe incluirse en toda oferta, promoción y publicidad dirigida a la venta o alquiler. La normativa aún no ha concretado cómo, pero cuando se venda o alquile, el vendedor debe entregar el certificado al comprador o arrendatario.

Desarrollando más contenido acerca de la certificación energética, WE Servicios Energéticos destaca que El Tribunal de Cuentas Europeo se está empleando en auditar el ecodiseño y etiquetado energético de aparatos domésticos en la UE; en concreto, los auditores evaluarán la contribución de estas medidas a los objetivos medioambientales y de eficiencia energética de la UE centrándose en su labor de supervisión de la gestión realizada en las actividades de vigilancia del mercado.

Para esta labor, La Comisión ha asignado 800.000 euros durante el período 2007‑2020 para acentuar el carácter ecológico del diseño de productos y de la información al consumidor.

El ecodiseño y etiquetado energético engloban las medidas de la Comisión para acentuar el carácter ecológico del diseño de productos y de la información que se facilita al consumidor, por lo que la vigilancia del mercado resulta imprescindible para garantizar que los productos cumplan los requisitos

En el contexto de su lucha contra el cambio climático, la UE se ha comprometido a mejorar su eficiencia energética en un 20% antes de 2020, y en un 32,5% antes de 2030. Como contribución al logro de estos objetivos, la Comisión ha adoptado medidas para acentuar el carácter ecológico del diseño de productos y de la información que se facilita al consumidor.

El ecodiseño ecológico y el etiquetado energético deben complementarse. Por una parte, los requisitos del ecodiseño fomentan la innovación y apartan del mercado a los productos con mayor impacto en el medio ambiente. Por otra, las etiquetas ecológicas impulsan a los consumidores a decidir con conocimiento de causa, orientando así al mercado hacia una mayor eficiencia energética. La vigilancia del mercado resulta, pues, esencial para garantizar que los productos cumplan los requisitos.

Los actuales requisitos de ecodiseño abarcan treinta grupos de productos, desde lámparas de uso doméstico hasta calderas industriales a base de combustibles sólidos. Las normas de etiquetado también se aplican, al menos en parte, a trece de estos grupos. En la auditoría se examinará cómo han contribuido las medidas de la UE a la consecución tanto de la eficiencia energética como de los objetivos medioambientales.